It’s a kind of magic

Exacto. Es algo realmente mágico. Hay quien lo llama sistema de compensaciones y quien lo llama farsa descarada; todo es cuestión de gustos.

Pero vayamos al asunto. Supón que estás generando un montón de gases de efecto invernadero. Y aunque nos ha costado bastante convencernos, todos estamos de acuerdo con que eso no es demasiado bueno.

(Bueno, casi todos. Hay quien sigue empecinado en que el cambio climático, resultado de esos gases, es un gran montaje; algo así como la muerte de Elvis pero en versión ecológica. De todos modos, parece que son pocos los que siguen defendiendo la teoría negacionista y son más los que, en lugar de intentar desmentir la evidencia aplastante, se dedican a lanzar dudas sobre ella. Éstos son los típicos que cuestionan las cifras y las acusan de exageraciones, los que admiten que hay un problema pero que no es para tanto.)

Pero volviendo al tema en cuestión tras este paréntesis descomunal: tienes un montón de emisiones y algo tienes que hacer con ellas.

¿Problema? ¡No! El sistema de compensación de emisiones te permite precisamente eso: compensar o neutralizar una actividad contaminante con otra limpia.

En el caso de las compañías aéreas, por ejemplo, es ahora bastante habitual que te ofrezcan la posibilidad de ‘compensar’ las emisiones que generas con el vuelo haciendo una aportación para ‘crear’, por ejemplo, un bosque. De hecho, si no recuerdo mal, hace un tiempo ‘se inauguró’ el ‘bosque clickair’ en el Delta del Llobregat, cerca del aeropuerto de Barcelona. (Propuesta de ejercicio: repite veinte veces “voy de excursión al bosque clickair” y analiza qué sensaciones te despierta. Comparte tus impresiones con el compañero de la izquierda.)

Así, basta con un simple click y una contribución de unos euros para limpiarnos la conciencia. Porque se trata de eso. ¿De verdad se puede creer alguien que plantar un árbol (o dos o tres) ‘limpia’, de alguna forma, lo que ensuciamos con el vuelo? ¿Tan fácil es hacernos entrar en el juego de los números, donde todo se puede sumar y restar? ¿Tan fácil es olvidar eso que hemos sabido desde siempre: que la naturaleza es un sistema complejo y no un producto de supermercado?

Claro que la idea tiene su atractivo. Está a medio camino entre las bulas papales de la Edad Media y el cuento de hadas. ¿Y quién no disfruta con un buen cuento?

Abracadabra

Abracadabra...

¡Pata de cabra!

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