Fin de dos semanas frenéticas de negociación que se podrían muy bien ahorrado a los delegados y al planeta. El resultado de la cumbre, el Acuerdo de Copenhague (PDF, en inglés), que ha visto la luz después de toda una última noche insomne en las negociaciones, es un documento no vinculante, del que la conferencia de las partes simplemente “toma nota”. El texto se limita a reconocer que el cambio climático es una realidad, que la temperatura no debería de aumentar más de 2ºC (como si el termómetro fuera un menú a la carta) y que es necesario actuar. Todo en términos muy vagos. Los países desarrollados se comprometerán a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (no se sabe cuándo ni cuánto) y los países en desarrollo adoptarán medidas para limitar sus emisiones. Los únicos números que aparecen son los que aluden a los 30 mil millones de dólares anuales durante los próximos tres años para ayudar a los países más pobres a luchar contra el cambio climático mediante actividades de adaptación y mitigación, y 100 mil millones anuales para 2020.
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